El pasado 5 de julio de 2025, la Arena Ciudad de México fue testigo de una de las noches más intensas en la historia reciente del rock mexicano. Ante más de 20,000 fanáticos que agotaron localidades, Alejandra Guzmán irrumpió en escena a las 21:15 horas con un arranque explosivo: los primeros acordes de “Mírala, míralo” rompieron el silencio, mientras emergía desde las entrañas de un imponente diamante y una estructura metálica, vestida con gabardina, irradiando fuerza y firmeza, símbolo de su regreso tras una etapa de introspección personal y profesional.
Visiblemente emocionada, la “Reina del Rock” conectó de inmediato con el público: “¡Buenas noches, mi México hermoso! ¡Esta noche somos libres!”, proclamó, desatando aplausos, gritos y hasta algunas lágrimas en los asistentes. Así inició un recorrido por su trayectoria que reafirmó por qué sigue siendo referente intergeneracional en el mundo del rock en español .
El repertorio fue un viaje entre hits generacionales: “Eternamente bella”, “Hey Güera”, “Volverte a amar”, “Reina de corazones”, “Luz de luna”, “No se vale llorar” y, por supuesto, “Hacer el amor con otro” en una versión extendida que desató ovaciones en toda la Arena CDMX . La artista también supo alternar entre la potencia y la dulzura: uno de los momentos más conmovedores llegó cuando se sentó al piano para interpretar “Llama por favor”, con voz quebrada, logrando un silencio reverencial y emociones a flor de piel.
La producción fue de primer nivel: gigantes pantallas, luces robóticas, efectos pirotécnicos, confeti dorado e incluso una escenografía que incluyó un coche en miniatura y escenografía dinámica que transformaba el ambiente según cada tema. En contraste, Guzmán desató toda su rebeldía, brincando, compartiendo el escenario con su banda de glam rock y bromeando con el público: “¡No me pidan que me calme, porque nunca he sido tranquila!”.
Un momento que sorprendió y se convirtió en lo más comentado fue cuando saludó a su padre, Enrique Guzmán, con un beso en los labios, enfatizando la fortaleza de sus lazos familiares, y rindió un cálido homenaje a su madre, Silvia Pinal, con un emotivo mensaje, acompañado de un guiño a la comunidad LGTBQ+ y un claro mensaje de amor e inclusión hacia su hija, Frida Sofía
Casi al cierre, Guzmán aprovechó para agradecer a su leal público: “Gracias por no soltarme”, dijo, antes de rematar con una poderosa versión culminante de “Hacer el amor con otro”, desatando una ovación de pie y fervor total en la Arena. Fue una noche de catarsis colectiva, energía desbordante y reafirmación de estatus: Alejandra Guzmán volvió y Brilla más que nunca.
El Brilla Tour representa no solo un reencuentro con sus raíces rockeras, sino también una historia de superación, libertad y orgullo. Una velada que remarcó su lugar como leyenda viva de la música mexicana.

