El proceso de transformación del Estadio Azteca, actualmente nombrado Estadio Banorte por razones de patrocinio, ha entrado en una etapa crítica de cara a su reapertura oficial. Emilio Azcárraga Jean, presidente del Consejo de Administración de Grupo Ollamani, realizó recientemente una inspección en el inmueble para supervisar los avances de las obras. Durante su visita, el directivo confirmó que la fecha establecida para que el balón vuelva a rodar en el Coloso de Santa Úrsula es el 28 de marzo, día en que la Selección Mexicana enfrentará a Portugal.
Esta fecha marca el cumplimiento de una primera fase fundamental, pero no representa el fin de los trabajos de infraestructura. Según detalló Azcárraga, el proyecto se ha dividido en tres etapas principales diseñadas para cumplir con los estándares de la FIFA y garantizar la comodidad de los aficionados. Actualmente, cerca de mil 300 personas trabajan diariamente en el recinto para asegurar que los elementos esenciales estén listos para el partido inaugural de primavera, enfrentando los retos logísticos que una obra de tal magnitud conlleva.
Un plan estructurado en tres etapas para la modernización
La estrategia de remodelación no se limita únicamente a la estética, sino que busca una funcionalidad integral a largo plazo. La primera fase, que culminará en marzo, se enfoca en las áreas necesarias para la operación básica del estadio y la recepción de aficionados y selecciones nacionales. Azcárraga enfatizó que, aunque los constructores mantienen un ritmo acelerado y han enfrentado dificultades iniciales, la obra ha encontrado un flujo de trabajo más estable en las últimas semanas, lo que permite ver con optimismo el cumplimiento de los plazos.
Tras la reapertura de marzo, comenzará de inmediato la segunda etapa, la cual estará estrictamente enfocada en los requisitos específicos para la Copa del Mundo de 2026. Esta fase incluye mejoras sustanciales en tecnología, vestidores, áreas de prensa y zonas de hospitalidad que la FIFA exige para los estadios sede. El compromiso es que el Estadio Azteca no solo sea funcional, sino que se convierta una vez más en el referente mundial del futbol, manteniendo su esencia histórica mientras integra sistemas de vanguardia.
Obras permanentes más allá de la Copa del Mundo
Una de las revelaciones más importantes hechas por el directivo es que la inversión y el mantenimiento no se detendrán con el silbatazo final del Mundial. Azcárraga reconoció que, debido a la complejidad de la obra, algunos proyectos han tenido que ser reprogramados para después de la justa mundialista. Entre estos pendientes se encuentran la remodelación profunda del estacionamiento exterior y el perfeccionamiento de un sistema de iluminación en las columnas que, tras las pruebas iniciales, requiere ajustes para alcanzar el estándar deseado.
El objetivo es establecer un programa de mantenimiento constante que evite el deterioro que el estadio sufrió en décadas pasadas. «Queremos que la obra nunca acabe», señaló el empresario, refiriéndose a que el Coloso de Santa Úrsula entrará en un ciclo de mejora continua. Este enfoque garantiza que la millonaria inversión no sea un esfuerzo aislado para un evento específico, sino una renovación de vida para el inmueble más emblemático del deporte en México.
Desafíos constructivos y la visión del Coloso
A pesar de los avances visibles, como las pruebas en las nuevas pantallas gigantes, Azcárraga admitió que la construcción ha sido un camino lleno de desafíos. Al no ser experto en la materia, el directivo confía en los cronogramas de los especialistas, aunque reconoce que el inicio fue sumamente complicado. Sin embargo, la colaboración con diversos proveedores que han aportado su trabajo «con mucho cariño» por la importancia simbólica del recinto ha sido el motor que ha permitido superar los obstáculos más severos de la ingeniería estructural.
Finalmente, la reapertura el 28 de marzo ante Portugal no solo será una prueba para el equipo nacional, sino para la infraestructura misma del estadio. Será el momento en que se valide el trabajo realizado por miles de manos mexicanas y se dé inicio formal a la cuenta regresiva para el Mundial. La visión a largo plazo es entregar a la afición un estadio moderno, seguro y vibrante, que siga siendo el orgullo de la Ciudad de México y el escenario principal de las historias más grandes del balompié internacional.

