El regreso a clases vuelve a poner sobre la mesa uno de los desafíos cotidianos de las grandes ciudades: el tiempo que las personas destinan a trasladarse entre vivienda, escuela, trabajo y servicios.
Con el reinicio de las actividades escolares, millones de familias retoman una rutina en la que cada desplazamiento puede representar tiempo adicional en el tráfico o en transporte público. En este contexto, la ubicación de la vivienda adquiere un peso distinto en las decisiones inmobiliarias: ya no se trata únicamente de cuánto cuesta un inmueble o cuántos metros cuadrados ofrece, sino de cuánto tiempo permite ahorrar en la vida cotidiana.
Movilidad urbana y costo de oportunidad
Una persona que destina una hora de ida y otra de regreso a su jornada laboral puede acumular alrededor de 10 horas semanales en traslados. Si a esto se suman los recorridos para llevar y recoger a los hijos, acudir a actividades extracurriculares, realizar compras o resolver otros pendientes, el impacto familiar puede ser considerable.
El costo de esta dinámica no se limita al gasto en gasolina, transporte o estacionamiento; también existe un costo de oportunidad: horas que podrían destinarse al descanso, ejercicio, convivencia familiar o actividades personales.
Nueva perspectiva sobre el valor inmobiliario
“Cuando se hablaba de vivienda, la conversación se concentraba principalmente en los metros cuadrados, el precio o las características del inmueble. Hoy tenemos que incorporar una variable adicional: el tiempo”, señaló Enrique Téllez, Co-Director de desarrolladora del parque®.
El regreso a clases hace más evidente la relación entre vivienda y movilidad. Una casa alejada de los principales destinos cotidianos puede implicar múltiples desplazamientos diarios y una mayor complejidad para coordinar horarios escolares, laborales y familiares.
Bienestar familiar y cercanía urbana
Esta relación también amplía la conversación inmobiliaria hacia temas como bienestar, conciliación entre vida personal y laboral y productividad laboral, al considerar que la experiencia de habitar una ciudad no termina dentro de la vivienda, sino que también depende de lo que ocurre alrededor de ella.
“Cuando una familia decide dónde vivir, también está decidiendo cómo quiere vivir sus días. Reducir los tiempos de traslado puede cambiar la dinámica completa de una rutina: permite llegar antes a casa, tener más tiempo con los hijos, descansar o incorporar actividades cotidianas”, explicó Ingrid Acebo, Directora de Proyecto de University Tower®.
Tendencias de la vida urbanita actual
Esta transformación también modifica la forma de entender la vivienda en zonas consolidadas de la Ciudad de México. La cercanía con corredores laborales, escuelas, servicios, comercio, restaurantes, espacios culturales y alternativas viales puede convertirse en un atributo de valor para quienes buscan hacer más eficiente su vida diaria.
En este contexto cobra fuerza el concepto de “vida urbanita”, entendido como una forma de habitar la ciudad que privilegia la cercanía y la conectividad urbana con los distintos espacios que forman parte de la rutina, reduciendo la necesidad de recorrer grandes distancias para trabajar, estudiar, resolver necesidades o disfrutar tiempo libre.

